Antes aprender una herramienta te diferenciaba. Hoy eso ya no alcanza  

Alfredo Edye

Entrar al mundo IT parecía seguir una fórmula bastante clara: aprender un lenguaje, dominar herramientas y sumar certificaciones para mantenerse competitivo. Durante mucho tiempo, eso alcanzó. Saber programar era un diferencial fuerte y, para muchas personas, también una puerta de entrada directa a la industria tecnológica. 

Pero para Alfredo Edye, fundador de Biglogic y referente en transformación tecnológica y desarrollo IT, el problema hoy ya no pasa solamente por aprender herramientas. En medio del crecimiento explosivo de la inteligencia artificial y la automatización, cree que la industria tecnológica está empezando a valorar algo mucho más difícil de automatizar: el criterio. 

La inteligencia artificial volvió mucho más accesibles tareas que antes definían la velocidad de un equipo: programar, prototipar, testear o documentar. Cuando esas tareas se aceleran y se abaratan, el cuello de botella se mueve”, explica Alfredo.  

Y quizás ahí está una de las transformaciones más importantes que hoy atraviesa al mundo IT. 

Porque mientras cada vez más personas aprenden herramientas, hacen cursos o prueban nuevas plataformas de IA, la verdadera diferencia empieza a aparecer en otro lado: la capacidad de entender problemas, tomar decisiones y construir soluciones con sentido. 

Programar ya no es suficiente 

Durante mucho tiempo, gran parte de la conversación en tecnología pasó por aprender herramientas. Qué lenguaje convenía estudiar, qué framework empezaba a crecer o qué certificación podía ayudarte a conseguir trabajo más rápido. 

Pero la velocidad con la que cambia hoy la industria empezó a romper esa lógica. 

Las herramientas evolucionan constantemente. Lo que hoy parece clave, probablemente en algunos meses ya cambie. Y eso obliga a pensar la formación tecnológica desde un lugar mucho más profundo. 

Saber programar en un lenguaje ya no alcanza. Sigue siendo necesario, pero dejó de ser una ventaja diferencial por sí sola”, plantea Alfredo.  

El problema, entonces, ya no pasa solamente por aprender a ejecutar tareas técnicas. El desafío está en desarrollar capacidades que sigan teniendo valor incluso cuando la tecnología cambia. 

Hoy las empresas empiezan a buscar perfiles con: 

  • pensamiento crítico  
  • capacidad de adaptación  
  • autonomía  
  • criterio  
  • habilidad para resolver problemas reales  

Por eso Alfredo hace una diferencia que parece simple, pero cambia completamente la manera de mirar la industria:  “Programar es una habilidad. Desarrollar es un oficio.”  

Porque desarrollar implica mucho más que escribir código. Implica entender usuarios, tomar decisiones, trabajar en equipo y construir soluciones que funcionen en contextos reales. 

La IA no eliminó el valor humano: lo movió 

Una de las discusiones más repetidas en tecnología durante los últimos años tiene que ver con el miedo al reemplazo. La idea de que la inteligencia artificial pueda reemplazar perfiles técnicos completos aparece constantemente en redes, medios y conversaciones laborales. 

Pero Alfredo cree que la transformación es bastante más compleja que eso. 

alfredo

La IA está cambiando los roles, la estructura del trabajo y la velocidad de los equipos. Muchas tareas que antes consumían horas hoy pueden resolverse en minutos, pero eso no elimina la necesidad de buenos profesionales

De hecho, según su mirada, mientras más accesible se vuelve la tecnología, más importante se vuelve el juicio humano. 

Porque incluso en un escenario donde la IA puede acelerar tareas técnicas, siguen existiendo decisiones que dependen completamente de las personas: entender qué vale la pena construir, cómo resolver problemas reales o cómo garantizar calidad en productos que impactan usuarios de verdad. 

Y ahí aparece algo interesante: el verdadero diferencial ya no pasa solamente por ejecutar rápido, sino por entender mejor. 

La ventaja competitiva del próximo ciclo no va a ser simplemente tener IA. Va a ser saber delegar trabajo a la IA sin perder criterio, calidad ni velocidad de aprendizaje”, sostiene Alfredo.  

El nuevo perfil IT mezcla tecnología, negocio y visión 

Otro cambio fuerte que Alfredo observa en la industria es el crecimiento de perfiles mucho más híbridos. Durante años, tecnología, producto y negocio funcionaron como áreas bastante separadas. Hoy esas fronteras empiezan a mezclarse cada vez más. 

Por eso cree que los perfiles más valiosos de los próximos años no necesariamente van a ser quienes sepan una herramienta específica, sino quienes puedan conectar distintas áreas y entender el sistema completo. 

“Creo que van a crecer los builders: personas capaces de moverse con fluidez entre producto, ingeniería y negocio”, comenta.  

Y eso también cambia la manera de estudiar tecnología. 

Porque hoy acumular cursos o herramientas sueltas ya no alcanza. Las empresas empiezan a buscar personas capaces de adaptarse rápido, aprender constantemente y resolver problemas reales en escenarios que cambian todo el tiempo. 

En ese contexto, carreras como Programación, Data Science, QA o Cloud Administration empiezan a tener un enfoque mucho más conectado con desafíos concretos de la industria. 

Por ejemplo, la Carrera de Programación de Teclab —cocreada junto a Avenga— busca formar perfiles Full Stack capaces de trabajar en proyectos reales, entender lógica de desarrollo y construir soluciones más allá de memorizar herramientas. 

Algo parecido pasa en áreas como Data Science, donde hoy no alcanza solamente con analizar datos: también importa interpretar información, tomar decisiones y trabajar junto a inteligencia artificial en entornos reales. 

Entonces… ¿cómo se mantiene vigente alguien que quiere trabajar en tecnología? 

En una industria que cambia todo el tiempo, muchas personas sienten presión por mantenerse permanentemente actualizadas. Más cursos. Más herramientas. Más contenido. Más certificaciones. 

Pero Alfredo cree que perseguir constantemente “lo último” puede convertirse en una trampa. 

“La idea de mantenerse vigente a veces nos empuja a perseguir siempre lo último: más herramientas, más cursos, más newsletters. Y eso puede terminar generando perfiles con mucha información, pero poco criterio”, explica.  

Por eso, más que correr detrás de cada novedad, recomienda construir algo mucho más difícil —y mucho más valioso a largo plazo—: criterio para entender qué cambios realmente importan. 

Y quizás ahí está la gran diferencia que hoy empieza a separar a quienes simplemente usan tecnología de quienes realmente saben construir con ella. 

Porque en un escenario donde las herramientas cambian constantemente, el verdadero diferencial ya no parece estar en saber más software que el resto. 

El verdadero diferencial empieza a estar en la capacidad de pensar mejor. 

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