Encontrar el momento adecuado para empezar una carrera puede parecer difícil. El trabajo, la falta de tiempo, las responsabilidades familiares o la distancia suelen aparecer como razones para postergar una decisión que, muchas veces, está relacionada con algo que queremos desde hace tiempo: crecer, mejorar nuestras oportunidades y construir un futuro diferente.
Para Adriana Barroso, sin embargo, existe otra manera de mirar esas situaciones.
Su invitación es simple, aunque no necesariamente fácil: pensar cuáles son las excusas que nos ponemos y preguntarnos si, en realidad, pueden convertirse en los motivos que nos impulsen a avanzar.
“¿Por qué no lo hago por tiempo? ¿No lo hago por trabajo o porque tengo hijos?”, plantea Adriana. Y propone cambiar la perspectiva: esas mismas circunstancias pueden ser justamente las razones para tomar la decisión de estudiar.
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ToggleCuando las excusas se convierten en motivos
Postergar el comienzo de una carrera suele ser sencillo cuando encontramos una razón que parece justificarlo.
No tengo tiempo. Trabajo muchas horas. Tengo hijos. No puedo ir presencialmente. Más adelante voy a poder.
Son pensamientos habituales para quienes quieren estudiar pero sienten que todavía no encontraron el momento indicado.
Adriana propone detenerse justamente ahí y cambiar la pregunta.
Si hay poco tiempo, ¿no puede ser estudiar una forma de buscar un trabajo que permita mejores oportunidades? Si hay responsabilidades familiares, ¿no puede ser la formación una herramienta para construir un mejor futuro? Si existe el deseo de ganar más o trabajar de algo que genere mayor satisfacción, ¿por qué esperar?
“Esas justamente son las razones por las cuales hay que hacerlo”, sostiene.
Desde esta perspectiva, estudiar deja de ser una actividad que compite con las responsabilidades cotidianas y puede convertirse en una herramienta para transformarlas.
Estudiar para construir nuevas oportunidades
La decisión de comenzar una carrera no responde siempre a un único objetivo.
Para algunas personas puede significar acceder a mejores oportunidades laborales. Para otras, desarrollar nuevas habilidades, cambiar de profesión, conseguir mayor estabilidad o simplemente dedicarse a una actividad que les genere más motivación.
En el caso que plantea Adriana, todas esas posibilidades forman parte de una misma idea: progresar y avanzar.
El punto de partida puede ser diferente para cada persona, pero la formación puede funcionar como un recurso para prepararse frente a los cambios del mundo laboral.
Y esos cambios suceden cada vez más rápido.
Nuevas tecnologías, herramientas digitales y transformaciones en las distintas industrias hacen que los conocimientos que se necesitan hoy no sean necesariamente los mismos que se necesitaban hace algunos años. Frente a ese escenario, continuar aprendiendo puede ser una forma de mantenerse activo y preparado.
No ser espectadores de lo que viene
Para Adriana, seguir aprendiendo también tiene que ver con el rol que cada persona quiere ocupar frente a los cambios.
“Si no nos ponemos a tono con todo lo que se viene y no decidimos tomar acción en seguir perfeccionándonos, vamos a quedar no como protagonistas, sino como observadores de lo que pasa alrededor”, explica.
La reflexión pone el foco en algo más amplio que conseguir un título.
Formarse implica asumir un rol activo frente al propio desarrollo profesional. En lugar de esperar a que las oportunidades aparezcan, estudiar permite adquirir herramientas y conocimientos que pueden ayudar a estar mejor preparado para buscarlas.
No significa que una carrera garantice por sí sola un determinado resultado. Sí puede ser un paso concreto para desarrollar capacidades y ampliar las posibilidades a futuro.
Empezar por una tecnicatura también es avanzar
Una de las ideas que Adriana busca transmitir es que comenzar a estudiar no tiene por qué significar definir todo el recorrido profesional de una sola vez.
Para alguien que todavía tiene dudas, una alternativa puede ser empezar por una tecnicatura y, a partir de esa experiencia, decidir cómo continuar.
“Que arranque por una tecnicatura y el tiempo dirá si a seguir estudiando, ir por una licenciatura u otra cosa”, plantea.
Esta mirada permite quitarle presión a una decisión que muchas veces puede sentirse demasiado grande.
No es necesario tener completamente definido dónde se quiere estar dentro de diez años para empezar a construir ese camino. El primer paso puede ser elegir una carrera, comenzar a estudiar y descubrir durante el proceso qué nuevas posibilidades aparecen.
La formación también puede convertirse en un proceso de descubrimiento personal y profesional.
La educación a distancia: una posibilidad para quienes tienen menos tiempo
Durante mucho tiempo, estudiar una carrera implicaba organizar la vida alrededor de la cursada. Trasladarse, cumplir horarios y asistir físicamente a una institución podían convertirse en obstáculos importantes para quienes trabajaban, tenían responsabilidades familiares o vivían lejos de los centros educativos.
Hoy existen alternativas que permiten estudiar a distancia y adaptar la formación a distintas realidades.
Para Adriana, esta posibilidad representa una ventaja especialmente importante para quienes alguna vez pensaron que estudiar no era una opción para ellos.
“Personas que por cuestiones de tiempo y de distancia no lo pueden hacer presencialmente” hoy pueden encontrar otras alternativas para acceder a una formación.
La educación a distancia amplió las posibilidades para quienes necesitan mayor flexibilidad para combinar el estudio con otras actividades.
Y esa accesibilidad puede marcar una diferencia para alguien que durante años postergó el comienzo de una carrera.
No esperar a tener el momento perfecto
Una de las principales barreras para empezar a estudiar puede ser esperar a que todas las condiciones sean ideales.
Tener más tiempo. Tener menos responsabilidades. Encontrar el trabajo perfecto. Sentirse completamente preparado.
Pero el momento perfecto no siempre llega.
Por eso, la propuesta de Adriana consiste en mirar esas dificultades desde otro lugar. En lugar de preguntarse solamente qué impide empezar, propone preguntarse qué puede motivar a dar el primer paso.
Porque tener hijos puede ser un motivo para buscar mejores oportunidades. Trabajar puede ser un motivo para buscar una formación que permita crecer profesionalmente. Querer mejorar los ingresos puede ser un motivo para incorporar nuevas herramientas. Y tener poco tiempo puede ser un motivo para buscar una modalidad de estudio que se adapte mejor a la vida cotidiana.
La misma situación puede verse como un obstáculo o como un impulso.
El primer paso es animarse
Estudiar una carrera requiere compromiso, organización y constancia. Pero antes de todo eso hay una decisión: empezar.
Para Adriana, ese primer paso puede abrir la puerta a un proceso mucho más amplio. No necesariamente hay que saber desde el principio si después se elegirá continuar con una licenciatura, especializarse o tomar otro camino.
Lo importante es comenzar a adquirir herramientas que permitan avanzar.
En un contexto laboral que cambia constantemente, seguir aprendiendo puede ser una manera de mantenerse activo y preparado para lo que viene.
Por eso, su mensaje final apunta directamente a quienes todavía están postergando esa decisión: dejar las excusas de lado y transformarlas en motivos para progresar.
Porque estudiar no tiene que esperar a que la vida se vuelva más sencilla. Puede ser, justamente, una de las decisiones que ayuden a construir una vida con nuevas oportunidades.
Y muchas veces, el cambio empieza cuando dejamos de preguntarnos por qué todavía no podemos hacerlo y empezamos a preguntarnos qué pasaría si nos animamos a dar el primer paso.


